Emergencia Habitacional, Pobreza Énergética y Salud. Informe sobre la inseguridad residencial en Barcelona 2017-2020
Ya han pasado doce años desde que estalló la crisis global del año 2008, así como nuestra “versión casera” encarnada en el “pinchazo” de la burbuja inmobiliaria y la crisis economicosocial asociada. Una de sus consecuencias más visibles fueron las ejecuciones hipotecarias y los desahucios. Estos últimos, al lado de personas oponiéndose a su ejecución en la puerta de una vivienda, son sin lugar a dudas la imagen más descarnada e icónica de lo que hemos conocido como emergencia habitacional, así como de la lucha por su erradicación en el Estado español, simbolizada por las “camisetas verdes” de la PAH y su campaña #StopDesahucios.Pero, ¿de qué hablamos cuando nos referimos a una situación de emergencia habitacional?
Este concepto utilizado, más habitual en los países con una alta presencia de vivienda informal o precaria [1], comenzó a sonar con más intensidad en el Estado español a partir del año 2008, precisamente asociado a las consecuencias de la crisis en el ámbito de la vivienda y a su denuncia social por parte de la ciudadanía organizada [2]. Vinculado a este concepto hay también el de exclusión residencial o habitacional, que surge de la sustitución del de pobreza por el de exclusión social en los años 90, vinculado al análisis de una de sus dimensiones, la vivienda (Laparra et al 2007; Subirats 2004; Hernández Pedreño 2008).